Lo que no cuentan en Hollywood… y en general casi nadie

Hollywood nos tiene acostumbrados a historias tipo chico encuentra a chica o viceversa. Se conocen, hay una tensión sexual entre ellos, se encandilan, pasan algún contratiempo que finalmente logran superar. No necesariamente en este orden. Al final se baja el telón y suena la banda sonora.

En la vida en 3D el amor es otra cosa. Primero, es mucho más amplio que el reduccionismo hollywoodiense. Amamos, queremos, estimamos, tenemos aprecio, nos despiertan simpatía, cariño o ternura un montón de personas que van de mi abuela, a mi hermano, los vecinos, mi amiga, mi sobrino, aquellos conocidos, unos compañeros de trabajo, etcétera.

Además, lo que no cuentan en Hollywood es que el amor es obrero. Hay que currárselo si queremos que funcione. O sea, no sucede como en las películas. Uno no aparece y ya está, no tiene que hacer nada más. No, no. Las relaciones con los otros (a los que queremos en algún grado) son complejas y condicionales. Además hay que bajar la basura y otras actividades poco glamurosas.

A menudo esperamos que el otro nos ame (acepte) tal como somos o que cambie como acto de amor hacia nosotros. La mala noticia es que el otro es una persona con su carácter, sus propios pensamientos, ideas, creencias, sentimientos, limitaciones y manías, sus demonios y miedos, y no un monigote en nuestras manos que va a hacer todo lo que queramos.

También Hollywood tiende a confundir(nos) enamoramiento y amor. Enamorarse -a mi entender- es una fase en la que nos montamos una película sobre quién es ese otro/a. A veces enamorarse es una mezcla entre el deseo, el capricho y la ilusión. Una ilusión óptica que el tiempo se encarga de poner en su sitio.
En cambio, amar o querer implica ver los claroscuros de la otra persona y no salir corriendo. ¿Quién no se ha puesto de los nervios con alguien a quien quiere? ¿Quién no ha sentido la rabia encéndersele y le estrangularía, metafóricamente hablando? En la tarea de amar vamos a tropezar innumerables veces con el otro polo: el odio (y sus grados). A veces también, detestar nos va a hacer sentir culpa, gracias a nuestra educación judeocristiana que lo polariza todo entre bueno y malo.

No es fácil amar a los otros, porque para empezar no es fácil amarse a uno mismo. En muchas ocasiones de hecho eso es lo que buscamos que haga por nosotros el otro idealizado: que nos ame, nos acepte tal como somos. Algo que nosotros no somos capaces de hacer.

Así que si quieres amar lo mejor posible, empieza a arremangarte y ve a buscar el pico y la pala al cobertizo.

 

 

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