¿Expectativas incumplidas?

Reaccionar con tristeza depende a menudo de cómo interpretemos las experiencias que vivimos. Tiene que ver con las expectativas que nos hacemos de nuestros proyectos o con lo que deseamos que ocurra. A veces se cumplen y entonces nos sentimos dichosos. Muchas otras veces, las cosas no salen como habíamos imaginado o no salen exactamente como lo teníamos planificado. Además de la frustración y cierta rabia -recordemos que a menudo las emociones vienen de dos en dos-, es muy probable que la tristeza haga acto de presencia.

Hay personas que tienen más tendencia a reaccionar desde el enfado, mientras que otras conectan más rápidamente con el abatimiento. Habitualmente, el enfado o la rabia acostumbran a ser sinónimo de dificultad para aceptar los hechos como vienen. En cambio, la tristeza nos puede lleva poco a poco a esa aceptación, a desprendernos, a soltar aquello que no se cumplió. Hay menos resistencia, no nos endurecemos como puede ocurrir con el enfado, con la tristeza estamos más blanditos.

Pero ¿por qué a veces se perpetua el sentimiento de tristeza? Tiene que ver con lo que creemos y nuestra especie tiene la tendencia a creer de manera absolutista. Por ejemplo, es habitual que sintamos que si los hechos de nuestra vida hubiesen sido o fueran otros, ahora seríamos felices y dichosos. Es un discurso o explicación que a menudo oigo, y no sólo entre pacientes. Efectivamente si hubiéramos tenido otros padres, o hubiésemos nacido en otro país, otro momento histórico, etcétera, nuestra vida sería distinta. Pero ¿hubiese sido mejor? ¿Quién lo dice? La creencia implícita que hay detrás de todo esto es que nosotros hubiésemos sido más felices o mejores o hubiésemos desarrollado nuestras potencialidades si se hubieran dado otros contextos. Y esto es lo que no está nada claro.Creer así es obviar lo imprevisto y lo desagradable que, nos guste o no, también vienen dados con el hecho de estar vivo.

Es imposible sortear los contratiempos, las injusticias, o cómo los otros nos afectan y nos influencian. Lo realmente innovador es darse cuenta que precisamente hay que hacer frente a las incomodidades y a las insatisfacciones vitales. Es una cuestión de actitud. Dice el dicho que lo que no mata, engorda. Paradójicamente, es en las vicisitudes que a veces desarrollamos capacidades que desconocíamos.

El camino es dejar de creer que si hubiese ocurrido tal o cual cosa ahora estaríamos en lapanacéa. El camino está en aprender a encajar y aceptar los reveses de la vida. Sobre todo porque perpetuar esa creencia de “hubiese sido mejor si…”, no solo nos mantiene en una tristeza y un anhelo de fondo vital (la melancolía), sino que nos engancha al resentimiento, a la queja, al victimismo. En definitiva, a un sufrimiento innecesario.

Artículo originalmente aparecido en paseodegracia.com

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